DVOŘÁK EN AMÉRICA: SINFONÍA DEL NUEVO MUNDO
DVOŘÁK EN AMÉRICA: SINFONÍA DEL NUEVO MUNDO
Fecha: 18 de abril de 2026 a las 20:00 h
Lugar: Teatro del Bosque de Móstoles
Director: Manuel Coves
Programa:
Danza macabra Op.40 de C. Saint-Saëns (1835-1921)
Roberta Bautronyte, violín
Capricho Español Op.34 de N. Rimski-Korsakov (1844-1908)
Alberto Juárez, violín
Sinfonía núm. 9 “Del nuevo mundo” en Mi menor Op.95 de A. Dvořák (1841-1904)
1. Adagio – Allegro molto
2. Largo
3. Scherzo
4. Allegro con fuoco
Notas al programa:
La obra que ha dado una fama perdurable al compositor Antonin Dvořák es, sin lugar a dudas, la Sinfonía número 9 “Del nuevo mundo”, última de sus sinfonías, estrenada en 1893. Su lirismo y la calidad de sus temas están muy relacionadas con la música del continente americano, tanto los espirituales, conocidos a través de su alumno de color Harry Burleigh, como la música indígena india -la obra está también relacionada con La canción de Hiawatha de Longfellow- durante la estancia de Dvořák en Nueva York, ya que fue el primer director del conservatorio de música de esta ciudad entre 1892 y 1895.
Se inicia el concierto con la Danza Macabra Op.40 (1875), breve poema sinfónico de Saint-Saëns que requiere de la presencia de un violín solista que representa a la muerte danzando victoriosa a partir de medianoche hasta que el gallo anuncia el alba y desaparece. Basada en un poema de Henri Cazalis, no fue acogida con éxito en su estreno debido a esa entrada del violín solista con un acorde de quintas abiertas y la extrañeza del uso del xilófono para representar el baile de los esqueletos.
El Capricho Español Op.34 es también un poema sinfónico del ruso Rimski-Korsakov estrenado en 1887. Entre los años 1862 t 1865 Rimski-Korsakov viajó mucho debido a su profesión de oficial en la marina rusa, y recaló durante unos días en Cádiz. La obra, estructurada en cinco movimientos que se interpretan sin descanso, utiliza material folclórico español como la Alborada y el Fandango asturianos que abren y cierran la composición. Es una de sus obras más alabadas por la brillante orquestación -¡fíjense en la nutrida participación de la percusión!-, donde destaca el papel protagonista del violín, hasta el punto de que podríamos estar hablando de una Fantasía para violín y orquesta.
Precio: 3 euros
